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lunes, 2 de enero de 2017

Google es Dios. Todo lo que digamos, hagamos o allá donde vayamos, google lo sabrá siempre.


Original aquí
En la actualidad, según señala Andrew Keen (Internet no es la respuesta) (prensa aquí, aquí y aquí) (audio radio3 aquí), uno de los grandes problemas de la revolución digital es que tiende a la homogeneización y esto no sirve para crear empleos. Más bien al contrario. Ahora mismo la revolución digital está destruyendo empleo a corto plazo y largo plazo. ¿Por qué? Internet ha supuesto un cambio radical en los sistemas de conexión y en las costumbres. Los sistemas de comunicación y transporte, la educación y la sanidad se han visto seriamente afectados. El cambio llegó a mediados de la década de 1990 cuando se produjeron una serie de transformaciones estructurales y legales que modificaron la red y la convirtieron en un espacio comercial.

Al permitir la inscripción de empresas como elementos claves de la red se produjo una especie de fiebre de oro donde nacieron los “plutócratas digitales” que hoy en día gobiernan internet. En este sentido, Google, Facebook e Instagram se comportan igual que cualquier empresa en el sector de bienes, servicios o financiero: su objetivo es acabar con la competencia. Fijémonos en Google, la cual ha creado una especie de sutil dictadura al crear un motor de búsqueda que eclipsa a todos los demás y que además integra (prácticamente) toda la cultura popular.

El problema se suscita cuando Google se salta las leyes anti-monopolio y usa su influyente motor para promocionar otros mercados. En otras palabras, como intermediador se beneficia de otras fusiones y suprime los aspectos democráticos de la red. Pero lo mismo hace Facebook, cuya estrategia comercial consiste en comprar a sus rivales y de esa forma suprime ipso facto cualquier posible injerencia ajena a su compañía. Según afirma Keen, la consolidación de internet está suponiendo la creación de un tipo de dominio mucho más sofisticado (y, tal vez, mucho más cool) pero poder, al fin y al cabo. De hecho, actualmente compañías como Facebook o Google se comportan como grupos de presión políticos y ostentan mucho más poder del que tuvieron en el pasado ciertas oligarquías. Nos acercamos a un punto en el que muy probablemente tan solo unas pocas compañías dominarán la red sin apenas contestación. Dos claros ejemplos: en motores de búsqueda ya solo queda Google; en comunicación social, ya solo queda Facebook. ¿Por qué se está produciendo toda esta secuencia de hechos? Quizás porque la legislación continúa siendo demasiado laxa contra las prácticas antimonopolistas y no está actuando de manera contundente. Lo más sorprendente de todo es que estas empresas han sabido presentarse como proveedoras de servicios públicos con una utilidad infinita para la sociedad. Casi nadie reflexiona sobre un hecho evidente: Google o Facebook son empresas y/o multinacionales preocupadas por obtener los máximos beneficios que puedan. Esto en sí no es un problema, el problema radica cuando se comportan única y exclusivamente como monopolios. Mientras tanto, y también de forma sorprendente, estas empresas gozan del apoyo del público sin que apenas afecte a su credibilidad.

Desafortunadamente, las personas y la sociedad en su conjunto no se imaginan sobre cómo funciona la economía de internet. Desconocen que gracias a Facebook, Instagram y Twitter nosotros somos el producto y no al revés. Todas estas empresas digitales tienen tal información sobre nuestras preferencias, gracias al big data, que resulta muy fácil que nos seduzcan con publicidad acorde a nuestros intereses, pero que no deja de ser spam. Todas esas empresas que controlan internet son capaces de realizar un retrato íntimo de nosotros que posteriormente envían a compañías de publicidad. Es cierto que a muchas personas no les importa que Google conozca todos sus datos personales mientras siga siendo gratuito. Sin embargo, es muy probable que en el futuro esto no sea así. Es más, con todo absoluta y constantemente conectado vamos encaminados hacia un mundo siniestro con vigilancia continua. Todo lo que digamos, hagamos o allá donde vayamos, google lo sabrá siempre.

Para finalizar, varias reflexiones de Umberto Eco sobre las redes digitales:

"(...) La enciclopedia debe registrar que existió la batalla de Waterloo, pero no se espera que registre el nombre del primer caído de esa batalla. Ay de nosotros si lo hiciera. Esto filtro es fundamental, sino seríamos como Funes el Memorioso de Borges que recordándolo todo, todo, todo, .... es un perfecto idiota. Ahora bien, internet es la enciclopedia al estilo de Funes. Está todo". (De la estupidez a la locura) (audio radio3 aquí).

"Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas". (La Stampa).

"La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad". (ABC).

Con Internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene en Internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio" (El País) (más información aquí).

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