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jueves, 16 de marzo de 2017

La innovación en Europa: una asignatura pendiente

Ilustración de Rafael Ricoy
La UE está animando a sus países miembros a que, de aquí a 2020, inviertan un 3% de su PIB en I+D (1% de financiación pública y 2% de inversión del sector privado). Esta inversión generaría más o menos 3.7 millones de puestos de trabajo e incrementaría el PIB anual de la UE casi 800,000 millones de euros (más información aquí). La realidad, sin embargo, es muy diferente. En la actualidad los europeos estamos cada vez más rezagados en la carrera por la robótica, el big data y la inteligencia artificial. De hecho, el rendimiento de la inversión en investigación de los países comunitarios es cinco veces inferior al de China. En términos comparados, la UE innova menos que Corea del Sur, Estados Unidos y Japón.

Desde 2012 la I+D ha ido disminuyendo en el seno de la UE, alcanzando niveles realmente preocupantes en 2014-15 cuando 17 países de la UE registraron cifras negativas en el crecimiento del rendimiento en innovación (más detalles aquí y aquí). En la actualidad, la UE no es capaz de superar el 2 % ni con el programa Horizonte 2020 ni con el Plan Juncker ni con los fondos estructurales. ¿Quiénes son los países que más invierten en I+D? Por este orden (más datos en OCDE Data, Research and Development; desplaza el ratón sobre el gráfico de abajo): Suecia (3.3%), Austria (3.1%), Dinamarca (3 %), Finlandia (2.9 %) y Alemania (2.9 %). A la cola (de menos a más): Rumania (0.5%), Letonia (0.6%), Grecia (1%), Polonia (1%), Eslovaquia (1.2%) y España (1.2%) (datos sobre CCAA aquí). En el caso concreto de España hay tres problemas fundamentales para este porcentaje tan bajo: fondos escasos, poca rentabilidad y un tejido industrial pequeño. Por si fuera poco, numerosos políticos europeos populistas a derecha e izquierda apuestan por el retorno del proteccionismo (y/o nacionalismo económico) y el rechazo a la robotización de los puestos de trabajo. Obviamente aumentando el gasto en I+D no se soluciona la falta de competitividad de una economía, hace falta que todo lo que rodea a la I+D funcione. El gasto en I+D es una condición necesaria pero no suficiente para hacer que una economía sea competitiva. Por sí solo (como apunta Sala-i-Martín), el gasto en I+D no aumenta la productividad, no crea riqueza ni puestos de trabajo ni beneficios si no hay clientes que compren los nuevos productos (más detalles aquí).



Para finalizar os invito a ver un debate del programa Millennium (TVE), Vocación por investigar


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