martes, 27 de enero de 2026

Cómo mejorar la educación universitaria usando inteligencia artificial (entrevista a Lee Newman)

Os adjunto la entrevista a Lee Newman, decano de IE Business School en IE University, sobre las competencias que realmente están marcando la diferencia, el impacto de la inteligencia artificial en la forma de enseñar y evaluar, y la necesidad de repensar de raíz cómo se aprende para un mercado laboral que ya no premia la memorización, sino la capacidad de actuar.

Durante décadas, la divergencia entre la formación impartida en el sistema educativo y las necesidades de las empresas se interpretó como un desajuste corregible mediante reformas parciales. Sin embargo, dicha interpretación resulta hoy insuficiente: la brecha ha adquirido un carácter estructural y comienza a afectar de manera directa a la capacidad de las organizaciones para transformarse y competir. Según el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, el 63 % de las empresas identifica la falta de competencias adecuadas como el principal obstáculo para la transformación, por delante incluso de las limitaciones en inversión tecnológica, lo que sugiere que el problema no reside tanto en la disponibilidad de herramientas como en la existencia de personal capacitado para utilizarlas eficazmente. Las proyecciones para el periodo 2025–2030 refuerzan este diagnóstico. El Foro Económico Mundial estima la creación de aproximadamente 170 millones de empleos y la desaparición de unos 92 millones; no obstante, el balance neto positivo oculta un cambio sustantivo en la naturaleza del trabajo. En torno al 40 % de las habilidades actualmente empleadas deberá modificarse, y esta transición no se circunscribe a perfiles tecnológicos. Junto a competencias como la alfabetización en inteligencia artificial, el análisis de datos o la ciberseguridad, adquieren creciente relevancia capacidades transversales—pensamiento analítico, adaptabilidad, aprendizaje continuo, liderazgo y resolución de problemas complejos—que, aunque frecuentes en el discurso educativo, suelen ocupar un lugar periférico en la enseñanza y la evaluación.

En España, este fenómeno se manifiesta de manera específica. De acuerdo con el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), numerosas vacantes permanecen sin cubrir no por escasez de titulados, sino por déficits persistentes de competencias presentes en múltiples sectores. Las carencias más habituales se relacionan tanto con el uso efectivo de herramientas digitales en contextos laborales (incluidas ocupaciones no tecnológicas) como con habilidades vinculadas al desempeño cotidiano—autonomía, gestión de incidencias, trabajo en equipo y adaptación a cambios organizativos—, lo que pone el foco en la limitada conexión entre la oferta formativa y las exigencias reales del empleo. Este diagnóstico es coherente con las advertencias de la OCDE, que subraya la dificultad de adaptación de sistemas educativos concebidos para mercados relativamente estables frente a escenarios de cambio continuo. De ahí su énfasis en el aprendizaje a lo largo de la vida y en el reconocimiento de competencias adquiridas fuera de la educación formal, ya sea en el ámbito profesional o en espacios no reglados. La falta de acreditación académica de una parte significativa de estos aprendizajes reduce su valor en el mercado laboral, pese a su creciente importancia para las empresas.

Paralelamente, muchas organizaciones han optado por actuar de forma proactiva. Según el Workplace Learning Report 2025 de LinkedIn, un número creciente de empresas incorpora el upskilling y el reskilling (la mejora de las habilidades de una persona y su reciclaje profesional) como componentes estructurales de su estrategia, formando internamente los perfiles que no logra captar externamente. En este marco, se revalorizan la capacidad de aprender y adaptarse y la demostración práctica de competencias por encima de credenciales tradicionales: el título mantiene relevancia, pero resulta insuficiente si no se traduce en aplicación efectiva en contextos cambiantes.

La entrevista comienza a continuación (la negrita es propia) 

Pregunta. Las empresas demandan cada vez más soft skills (habilidades blandas) como el pensamiento analítico, la adaptabilidad o el aprendizaje continuo. ¿Están adecuadamente integradas en los planes de estudio?

Respuesta. Bueno, aclaremos primero que yo no soy muy fan del término soft skills. De hecho, aquí hablamos de impact skills (habilidades de impacto), porque son, de hecho, las más difíciles de aprender y de enseñar. Aprender contabilidad financiera puede ser complejo, pero es bastante directo. En cambio, gestionar un conflicto en un equipo o convencer a otros para que acepten una propuesta es mucho más difícil. Lo que las empresas siempre han querido —y quieren ahora más que nunca— son personas a las que puedas incorporar a un entorno de trabajo complicado y que sean capaces de hacer que las cosas pasen. Eso incluye habilidades cognitivas, conductuales y digitales. No es solo saber algo; es saber actuar cuando el contexto es incierto y hay personas difíciles alrededor. Y por eso cada vez tiene más sentido aprender haciendo, enfrentándose a problemas reales y no limitarse simplemente a acumular contenidos.

P. En España, el SEPE detecta que muchas vacantes no se cubren por carencias concretas de competencias. ¿Dónde falla más el sistema: en el diagnóstico o en la reacción?

R. Yo diría que falla sobre todo en la capacidad de reacción. La educación ha sido durante mucho tiempo un sector muy protegido y poco competitivo, y eso hace que no exista una presión real para cambiar. Hay gente muy inteligente en todas las universidades, públicas y privadas, pero quienes llevan mucho tiempo enseñando lo mismo no suelen querer cambiar si no es imprescindible. Todo el mundo es consciente de que el mundo está cambiando, pero otra cosa es tener estructuras de gobernanza que obliguen a reaccionar. Y ahí es donde el sistema se atasca.

P. El Foro Económico Mundial advierte de que el 40 % de las habilidades actuales cambiarán antes de 2030. ¿Cómo se enseña cuando sabes que gran parte de lo concreto va a quedarse obsoleto tan rápido?

R. Lo primero es entender que no todas las habilidades cambian al mismo ritmo. Las herramientas concretas, los lenguajes o las plataformas pueden quedar obsoletas muy rápido, pero comprender por qué haces algo, saber cómo analizar un problema o tomar decisiones basadas en datos es mucho más estable. Por eso no tiene sentido centrar la formación solo en herramientas específicas. Hay que trabajar sobre categorías de habilidades más amplias y usar esas herramientas como ejemplos, asumiendo además que el trabajo del futuro será cada vez más híbrido, con personas y sistemas de inteligencia artificial trabajando conjuntamente.

P. La inteligencia artificial ha entrado muy rápido en las aulas. ¿Hay algo que se esté haciendo mal?

R. Muchas instituciones siguen viendo la IA como una forma de hacer trampas; prohíben su uso y tratan de cazar a los estudiantes con herramientas de detección. Eso genera una especie de guerra fría tecnológica entre estudiantes y universidades que además no tiene ningún sentido. El problema no es la IA, es que seguimos evaluando como antes. No puedes pedir un trabajo escrito tradicional cuando una IA lo puede generar en un minuto. Algunas escuelas están avanzando hacia un aprendizaje aumentado por IA, pero hace falta más. Necesitamos replantearnos por completo la forma de evaluar.

P. Muchas empresas están invirtiendo en upskilling y reskilling internos porque no encuentran fuera los perfiles que necesitan. ¿Eso es un fracaso del sistema educativo?

R. Es una señal clara de que el sistema no está respondiendo con la suficiente rapidez. Las empresas analizan de forma continua qué competencias necesitan y cuáles les faltan, porque de ello depende su capacidad para competir y sobrevivir; pero las escuelas, en general, no han tenido que hacerlo. Pero eso está cambiando: si no mejoran su relevancia, aparecerán nuevos actores que enseñen de otra manera, apoyados en la inteligencia artificial. La disrupción es inevitable.

P. Usted defiende el aprendizaje basado en desafíos. ¿Por qué cree que es tan importante ahora?

R. Yo le digo al estudiante: esto es lo que necesitas saber. No me importa cómo lo aprendas. Puedes leer un libro, hablar con una IA o buscar en internet. Lo que me importa es que, cuando te plantee un problema real —por ejemplo, valorar financieramente una empresa de cara a una adquisición—, seas capaz de hacerlo. No hay una única respuesta correcta, pero sí hay buenas y malas respuestas. El aprendizaje basado en desafíos consiste en demostrar que sabes hacer algo, y ahí la IA puede actuar como un tutor, acompañando el proceso y dando feedback continuo.

P. Si tuviera que señalar un cambio estructural urgente para reducir el desajuste entre educación y mercado laboral, ¿cuál sería?

R. Repensar completamente la evaluación. No se trata de sustituir un examen por otro, sino de entender que la educación ya no va solo de adquirir conocimientos, sino también de desarrollar habilidades. Y estas solo se desarrollan practicando y recibiendo feedback. Todo lo demás es secundario.

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