En 1571 las armadas de la Liga
Santa –la Monarquía Hispánica (Corona de Castilla y Aragón), Venecia y la Santa
Sede- bajo la dirección de
Juan de Austria vencieron al
Imperio Otomano en la
batalla de Lepanto. Esa derrota supuso que desde entonces los turcos no
volvieran a intervenir en el Mediterráneo Occidental. En 1580 la Corona de
Portugal se incorporó a la Monarquía Hispánica. Paralelamente para detener las
revueltas flamencas y mantener el monopolio con América,
Felipe II decidió
neutralizar a Inglaterra. Sin embargo, la
derrota de la Gran Armada en 1588
dejó el Atlántico Sur en manos España y Portugal, mientras que Inglaterra, Francia
y los Países Bajos tuvieron vía libre para apostar por el Atlántico Norte.