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| Max von Oppenheim (ficción). Holy War |
En mayo de 1916 Gran Bretaña y Francia acordaron de forma secreta como se repartirían el Imperio Otomano (cuyos territorios iban desde el Bósforo hasta el golfo Pérsico), en caso de que ganaran la Primera Guerra Mundial. De esta forma, se aseguraban el control de una zona geoestratégica sumamente importante para el suministro futuro de petróleo. Este tratado se denominó Sykes-Picot (debido a sir Mark Sykes y a François Georges-Picot).
Las implicaciones de este tratado y cómo se llegó a este pacto fueron muy complejas. Veámoslas. A finales del siglo XIX, los alemanes ven prioritario la construcción del ferrocarril Berlín-Constantinopla-Bagdad: una segunda línea debería transcurrir hacia Damasco vía Medina (S. McMeekin, The Berlin-Baghdad Express: The Ottoman Empire and Germany's Bid for World Power, 1898-1918). Se estimaron casi 2,000 kilómetros de longitud. A los proveedores financieros que participaron se les garantizaría los ingresos del transporte ferroviario y los derechos para perforar pozos en busca de petróleo en un margen de 19 kilómetros a cada lado de la línea durante los siguientes 99 años. El ferrocarril comenzó a construirse en 1903 (su finalización se produjo en la década de 1940). Obviamente esto choca con los intereses británicos. La arteria principal del Imperio Británico es el Canal de Suez vital para la ruta marítima hacia la India.


