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martes, 23 de abril de 2019

Los Comuneros, Villalar 23 de abril de 1521


Bravo, Padilla y Maldonado ajusticiados. Óleo de Antonio Gisbert
23 de Abril. Además de San Jordi y del día del Libro, hoy es el Día de Castilla y León donde se conmemora la derrota de los Comuneros en Villalar (1521). Probablemente si hubieran triunfado la historia de España y Castilla sería otra, y a lo mejor estaríamos hablando incluso de caminos diferentes.

Con apenas diecisiete años el futuro Carlos I heredó las Coronas de Castilla y Aragón y además en 1519 se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La gestión institucional, política y económica de tan inmensos territorios requería importantes ingresos y en ese esquema la Castilla del Norte constituyó la clave. A su llegada a España, Carlos I se encontró con tres regiones económicas claramente diferenciadas: (i) Aragón insertada en un contexto económico difícil (declive) y con la expansión económica catalana en el Mediterráneo en entredicho ante la expansión turca (además la Corona Aragonesa estaba excluidos del comercio directo con América, ya que su descubrimiento en 1492 fue un encargo de la Corona Castellana); (ii) Sevilla y la Casa de Contratación de Indias (1503) vinculada a un desarrollo todavía demasiado incipiente del comercio americano; y (iii) la Castilla del Norte, en plena expansión económica y con fuertes vínculos con Inglaterra, Francia (su aliada en la Guerra de los Cien Años) y Flandes. El conflicto entre Carlos I (apoyado por la nobleza castellana) y los grupos de presión castellanos (burguesía comercial y pequeña aristocracia) no tardó en surgir.

lunes, 23 de abril de 2018

Celebrando el 23 de Abril en Castilla y León. Homenaje a Juan Martín Díaz, El Empecinado


Retrato de Juan Martín por Goya (aquí)
Hoy es 23 de abril, día del libro, día de Sant Jordi, día de Aragón y también día de Castilla y León. En la comunidad castellano-leonesa se celebra el día de los Comuneros (Villalar) que ya ha sido explicado en este blog y que obviamente es conocido en toda la comunidad (no ocurre así en el resto de España, para quienes Castilla y León sigue siendo una completa desconocida). En esta ocasión, voy a escribir sobre uno de los personajes más importantes y cuyo carácter refleja como pocos el espíritu indomable de estas tierras norteñas olvidadas de la Península Ibérica. Su nombre: Juan Martín Díaz, el Empecinado (aquí, aquí y aquí). Antes de entrar en detalles, necesitamos ubicarnos brevemente en la historia. Vamos allá.

El siglo XVIII se caracterizó por la lucha entre Inglaterra y Francia por ver cual de los dos países asumía el liderazgo internacional. El primer episodio lo constituyó la Guerra de Sucesión Española (1700-14) (vídeo aquí) que supuso la entrada en la Monarquía Hispánica de una dinastía francesa, pero al mismo tiempo la consolidación de Gran Bretaña como actor principal en la geopolítica internacional. El episodio más importante lo constituyó la denominada Guerra de los Siete Años (1756-63). Esta primera gran guerra mundial que se libró en Europa, América, Asia e incluso en África aupó a Gran Bretaña como primera potencia mundial. A partir de ahí Francia va a intentar desestabilizar el poderío británico (al igual que habían hecho los bárbaros con los romanos, franceses y británicos con España o españoles y alemanes contra Francia, por poner un par de ejemplos). La primera ocasión se produjo con la Guerra de Independencia de EEUU (1775-83) donde franceses y españoles (sobre la ayuda española vídeo aquí) apoyaron a los norteamericanos a conseguir su independencia y a que Gran Bretaña sufriera una significativa derrota (Paz de Versalles, 1783). Sin embargo, no todo fue favorable para Francia. El déficit fiscal aumentó de forma considerable. Al mismo tiempo se produjeron malas cosechas, hambrunas, una crisis industrial motivada por la competencia de los productos británicos y finalmente levantamientos sociales. El resultado fue la bancarrota de 1788 que aceleró la llegada de la Revolución Francesa. La Revolución Francesa trajo guerras a Europa, pero también trajo otras cosas altamente beneficiosas. Se produjo la Declaración de los Derechos del Hombre (1789); se terminó con los privilegios de una sociedad estamental (nobleza y clero) y con las prerrogativas de la monarquía. Toda Europa estaba imbuida de las ideas de Voltaire, Rousseau o d’Alambert (y su famosa Enciclopedia).

domingo, 23 de abril de 2017

23 de abril, Castilla y León también existe

Imagen original El Bierzo Digital
Durante esta semana una de las comarcas más bonitas de España, el Bierzo, situada en la comunidad de Castilla y León ha estado sufriendo importantes incendios sin que prácticamente nadie se haya hecho eco (algunas excepciones aquí, aquí y aquí). Hoy se celebra el día 23 de abril y para gran parte de los medios de comunicación únicamente se celebra el día del libro y el día de Sant Jordi... sin embargo, también es el día de Villalar. Todo lo que no suceda en Madrid o en Barcelona no interesa, así que a nadie le importa que Castilla y León agonice. Aunque nuestros jóvenes tengan los mejores resultados en educación y estén entre los mejores del mundo (aquí, aquí y aquí), los castellanos y leoneses abandonan su comunidad porque apenas hay industria (aquí y aquí), no hay alternativas a la minería (aquí y aquí), la población envejece (aquí y aquí) y, por consiguiente, ante la falta de oportunidades la gente abandona las tierras castellanas y leonesas.

Os dejo a modo de reflexión las palabras del escritor leonés Julio Llamazares que capta con gran maestría lo que sucede en nuestra comunidad. Castilla (...) languidece entre la indiferencia general tras siglos de decadencia y de incuria y después de ver desaparecer incluso su nombre tras su desmembramiento y despojo autonómico, en el que vio cómo la dividían en dos, le añadían otro territorio histórico: el antiguo Reino de León, igualmente decadente y olvidado, y le arrancaban sus tres provincias más ricas, ésas que deberían tirar de ella hacia la prosperidad: Santander, Logroño y Madrid. (...) En la periferia muchas personas desconocedoras de la verdadera realidad de una región a la que siguen estigmatizando de imperialista y depredadora como si el tiempo no hubiera pasado por España y culpándola de sus problemas, ignorando que Castilla hoy ya no pinta nada en el concierto político nacional, convertidas sus ciudades, salvo excepciones, en monumentos para turistas y sus antiguas villas y poblaciones llenas de historia en geriátricos en los que solitarios ancianos sostienen con sus hombros la ruina de una tierra que, como anunció en su día Avelino Hernández, se acaba sin remisión. (...) Aunque les extrañe saberlo a los nacionalistas periféricos, la región que más sufre el centralismo de Madrid, y la que más carencias tiene, es Castilla, no las suyas.

Aunque obviamente hay muchos más, algunos libros imprescindibles en este día de Castilla y León y del día del libro podrían ser los siguientes:

Antonio Machado: Campos de Castilla
Azorín: Castilla
Carmen Martín Gaite: Usos amorosos del dieciocho en España (todos sus libros aquí)
Gustavo Martín Garzo: La Soñadora (artículos aquí)
Miguel de Unamuno: Abel Sánchez, una historia de pasión (la envidia es mil veces más terrible que el hambre; según Unamuno la envidia, el odio y la intolerancia eran (?¿ son) los vicios nacionales)
José Zorrilla: Don Juan Tenorio y La leyenda del Cid

sábado, 23 de abril de 2016

23 de Abril: ¿a quién le importa la vieja Castilla y León?

Fotografía de Piedad Isla
Hace unos meses el escritor leonés Julio Llamazares (más información sobre el autor aquí, aquí y aquí) presentó (aquí y aquí) en su provincia natal una reedición del libro de Avelino Hernández, Donde la vieja Castilla se acaba: Soria. Muy recomendable. A continuación copio y pego lo que publicó Julio Llamazares en El País (el subrayado en negrita es mío) sobre el libro y sobre Castilla.

(...)

Se trata de un libro que, tras su apariencia de guía para viajeros por Soria, esa provincia olvidada por los españoles, cuyo conocimiento general de ella se limita a la historia de Numancia (aquí y aquí), esconde una honda reflexión sobre el destino de una región, Castilla, que languidece entre la indiferencia general tras siglos de decadencia y de incuria y después de ver desaparecer incluso su nombre tras su desmembramiento y despojo autonómico, en el que vio cómo la dividían en dos, le añadían otro territorio histórico: el antiguo Reino de León, igualmente decadente y olvidado, y le arrancaban sus tres provincias más ricas, ésas que deberían tirar de ella hacia la prosperidad: Santander, Logroño y Madrid. La reflexión de Avelino Hernández, literariamente a la altura de sus maestros, Machado al frente de ellos, y conceptualmente desesperanzada como correspondía a alguien que ya veía en aquel momento, principios de los ochenta del siglo XX, años de la movida y de la posmodernidad españolas, el derrotero por el que se precipitaba una antaño región pudiente y dominadora, imperialista y rica gracias a sus conquistas en otras tierras, que no por sus riquezas naturales, que, tras siglos de progresivo declive económico y moral, veía cómo sus gentes la abandonaban en masa y sus antiguas glorias y construcciones (catedrales, castillos y palacios) se caían a pedazos sin que nadie atendiera a su ruina ni lamentara su irreversibilidad. Sólo Avelino Hernández y algunos otros alzaron la voz en aquel momento para denunciar lo que estaba sucediendo ya en su tierra sin que nadie les hiciera el menor caso: al revés: acusándolos de noventayochistas y conservadores, calificativos que aún usan hoy en la periferia muchas personas desconocedoras de la verdadera realidad de una región a la que siguen estigmatizando de imperialista y depredadora como si el tiempo no hubiera pasado por España y culpándola de sus problemas, ignorando que Castilla hoy ya no pinta nada en el concierto político nacional, convertidas sus ciudades, salvo excepciones, en monumentos para turistas y sus antiguas villas y poblaciones llenas de historia en geriátricos en los que solitarios ancianos sostienen con sus hombros la ruina de una tierra que, como anunció en su día Avelino Hernández, se acaba sin remisión. Porque, aunque les extrañe saberlo a los nacionalistas periféricos, la región que más sufre el centralismo de Madrid, y la que más carencias tiene, es Castilla, no las suyas.

Aunque hay muchos más, imprescindibles en este día de Castilla y León y del día del libro

Antonio Machado: Campos de Castilla
Azorín: Castilla
Carmen Martín Gaite: Usos amorosos del dieciocho en España (todos sus libros aquí)
Gustavo Martín Garzo: La Soñadora (artículos aquí)
Miguel de Unamuno: Abel Sánchez, una historia de pasión (la envidia es mil veces más terrible que el hambre; según Unamuno la envidia, el odio y la intolerancia eran (?¿ son) los vicios nacionales)
José Zorrilla: Don Juan Tenorio y La leyenda del Cid