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| Ilustración de Maravillas Delgado, aquí |
Muy interesante el último artículo de Bradford DeLong sobre la globalización en Project Syndicate (aquí y aquí) y El País. Leamos y reflexionemos (los enlaces y subrayados son propios, para los originales consúltense los links anteriores). (...)
Según la teoría económica convencional,
la globalización tiende a “beneficiar a todos”, y tiene escaso efecto
en la amplia distribución de ingresos. Pero “globalización” no es lo
mismo que eliminación de aranceles y otras barreras a las importaciones
que confieren ventajas de captación de renta a productores domésticos
políticamente influyentes. Como frecuentemente señala el economista Dani Rodrik de la Universidad de Harvard, la teoría económica predice que
eliminar los aranceles y las barreras no arancelarias efectivamente
produce ganancias netas; pero también se traduce en grandes
redistribuciones, donde eliminar barreras más pequeñas genera
redistribuciones mayores en relación a las ganancias netas.
La globalización, para nuestros fines, es diferente. Se la debería entender como un proceso en el cual el mundo se vuelve cada vez más interconectado a través de progresos tecnológicos que hacen bajar los costes del transporte y las comunicaciones. Sin duda, esta forma de globalización permite que los productores extranjeros exporten bienes
y servicios a mercados lejanos a un coste más bajo. Pero también abre
los mercados exportadores y reduce los costes para la otra parte. Y, a
fin de cuentas, los consumidores reciben más por menos. De acuerdo con la teoría económica estándar, la
redistribución sólo se produce cuando las exportaciones de un país
exigen factores de producción inmensamente diferentes de sus
importaciones. Pero, en la economía global de hoy, esas diferencias no
existen.


